Amazonas

Una travesía… ¡en el amazonas!

Todos los equipos nos perdimos por más de 2 días en la selva ¡en la real selva! La que uno no se imagina nunca como será. Eso no es un bosquesito como los de oriente, ni como Los Alpes europeos, ¡no mijo! eso uno no se lo alcanza ni a imaginar.

Ocurrió en la travesía Max Adventure Bosi 2002, la cual arrancó en una “regata” por el río amazonas, luego trotábamos dos cuadras para llegar a las bicicletas y nos íbamos en ellas hasta el primer PC que no estaba donde debía por que a los jueces de ese punto se les atrancó la moto en un pantanero. Se suponía que de PC1 a PC2 la trocha estaba demarcada con las cintas, pero no fue así, nunca las encontramos.

Desde que entramos en la selva a las 10:30 am del lunes 3 de junio, se hizo imposible andar, avanzábamos a 200 m/h si acaso. Era uno o la bici, todos los bejucos se enredaban en los pedales, en el tensor, en el manubrio. Si uno lo zafaba del pedal se le enredaba en la pacha y así. Nos alcanzó un equipo de indígenas, hermosos, con unas bicis súper pesadas, con botas machitas, con shorts, pero eso sí, mambiando a la lata, es decir, con coca en la boca. En esta situación estábamos tres equipos, los indígenas paraban y luego seguían nuestro rastro, según ellos, no sabían el camino, nunca supimos si era cierto o no.

Para aclarar, un día antes de arrancar la carrera, dos de mis compañeros, Jimmy y Jorge, y yo, decidimos quitarle los chocles a las bicis y ponerles pedales de punteras, entonces pedaleamos con tenis; pero el otro compañero, Juan José, no los cambió y por lo tanto tuvo que caminar dos días y medio con los zapatos de chocles que se le dañaron el primer día y los tuvo que amarrar con los cordones como si fueran guayos ¡pobre hombre!

Rato después a Juan José, le dio un yeyo! o una alergia respiratoria y tuvimos que parar, los otros dos equipos se nos fueron y desde ese momento estuvimos solos pues no pudimos encontrar sus huellas. Teníamos un rumbo para seguir en línea recta hasta PC2 pero no llegamos. Era de noche, oíamos ruidos como voces y creíamos estar cerca de algún equipo, con el paso de la noche nos dimos cuenta que era un ruido de algún animal muy ronco, que resultó siendo una rana verde, especie típica del amazonas y además venenosa.

Caminamos con esa “bendita” bicicleta muy lento, al principio las tratábamos muy bien, cuidábamos los tensores, las llantas, y al final, las tirábamos a los charcos, las tirábamos sobre los troncos caídos ¡pobres burritas! Por un momento paramos en un riachuelo a descansar y 10 minutos después de haber retomado la marcha Juan José recordó que había dejado su morral ¿¡ah!? ¡Charrísimo! Jimmy se devolvió con él a buscar el morral que afortunadamente encontraron.

En la madrugada del martes caminamos por un riachuelo para ver si salíamos a otro más grande, pero fue en vano y además horrible porque había muchas hormigas, casi nos comen, era desesperante, en 5 microsegundos se nos trepaban. Como a las 4 am del martes decidimos parar a descansar para esperar que aclarara. No estábamos muy cansados físicamente, pero sí muy ofuscados. Cuando aclaró seguimos buscando la tal trocha, teníamos la impresión de que estábamos caminando en círculo, todo era igual, los mismos árboles, el mismo camino, nada para comer, en semejante monte tan bravo y ni un plátano, ni un mango. Sí había hongos, ramas y flores raras, pero sin saber que era venenoso y que no, daba lo mismo. Desde el lunes en la noche se nos acabó el agua, nos tocaba recoger de los charcos y purificarla con pastillas para poder tomar. El martes ya no teníamos pastillas y teníamos muy poca comida. Cuando me sentí sin comida me empezó a dar un susto tremendo, me sentía muerta a largo plazo.

Cuando ya los 4 integrantes nos vimos sin comida, nos preocupamos y decidimos que si a las 3 pm no habíamos encontrado el camino, dejaríamos las bicicletas tiradas y trataríamos de salir rápido a un río, que como todos desembocan al Amazonas, así nos salvaríamos. Caminamos y caminamos sin encontrar ningún camino, a la 1 pm dejamos las bicis en la orilla de un riachuelo con el dolor en el alma, pero la prioridad en ese momento era sobrevivir. Caminamos por ese riachuelo toda la tarde, vimos huellas de animales grandes, la de un caimán que se asoleó en la playa del río. El riachuelo se volvió un río grande y profundo al cual nos teníamos que meter a nadar. Imagínense lo que se alcanza a pensar, hay que pensarlo 2 veces antes de meterse. La adrenalina sumada al deseo de supervivencia nos hizo meter sin pensar en lo que hubiera dentro de él. Nadamos desde las 6 pm hasta las 9 pm, disimuladamente tragábamos agua para calmar la sed. A esa hora decidimos salirnos porque teníamos mucho frío y poca comida, logramos juntar lo poco que nos quedaba de comida y guardarla para desayunar al otro día, esa noche no comimos. En ese lugar armamos los chinchorros y tratamos de dormir, pero el frío y los zancudos no nos dejaron.

El miércoles 5 de junio, apenas aclaró, nos levantamos y desayunamos. Pónganle ojo al desayuno de cada uno: 1 galleta festival, 1 galleta trigueñita de queso y ¼ de atún de una lata que aún nos quedaba ¡qué tal la aventurilla! Nos alistamos dispuestos a seguir nadando para llegar a alguna población y cuando nos asomamos al río venía una canoita con dos personas, y oh felicidad: «¡¡AUXILIO!! estamos perdidos, por favor llévenos a su población para conseguir una lancha que nos lleve a Zaragoza (PC2)» y ellos nos dijeron que la organización de la carrera ya les había dicho que a todos los que encontraran por ahí perdidos los llevaran, mejor dicho, nos enteramos que todos lo equipos estaban perdidos. Jorge se fue en la canoa por otra lancha de motor, un “peque peque” y volvió por nosotros. Pues así fue; nos llevaron en lanchita a PC2 y éramos el 6° equipo en aparecer.

Al llegar, le pusieron suero a Juan José, nosotros queríamos seguir caminando pero la organización nos mandó en lancha para PC5 como a las 4 pm. En PC5 nos encontramos con Ana Cristina, nuestra acompañante, que nos había dejado noticas de ánimo y amor en todos los PC. Ella debió ser quien más sufrió, esperando y esperando a ver si salíamos y nada. Pero bueno, después de 3 días por fin nos pudimos reunir con ella.

En PC5 nos dijeron que ya estabamos fuera de ranking pero podíamos seguir así. Nos mandaron a las 7:30 pm del miércoles con guías, en ese tramo había que navegar por el río Matamatá que es quieto por la influencia del Amazonas y además es selva inundada. Mientras remábamos, había que agacharnos para pasar troncos caídos. De vez en cuando el río era ancho y luego se angostaba, tenía muchos árboles, allá le dicen a ese trayecto “Camino de Agua” ¡divino! la noche estaba hermosa, y el cielo estrelladísimo se reflejaba en el agua.

A parte de esta belleza, fue una etapa muy dura, nos pasó lo mas asustador de la carrera: cuando íbamos remando por una parte muy estrecha llena de ramas, pasamos cerca a un árbol y se estaba bajando una culebra para el agua, yo estaba adelante de la canoa y alcancé a pasar, pero la culebra se metió entre Jimmy y Jorge, Jimmy se paró para que no lo mordiera y Jorge la alcanzó a batear con el remo. De tanto movernos se nos llenó de agua la canoa y se hundió, ahí me dio histeria: «¡auxilio, auxilio nos hundimos!» gritaba yo como loca, los guías se devolvieron a ayudarnos, pero el susto era porque no sabíamos dónde podía estar la culebra que acabábamos de sacar de la canoa, yo casi me muero del susto. Al fin los guías súper hábiles, voltearon la canoa y le sacaron el agua. ¡Qué susto!

Seguimos remando. La siguiente era una prueba de cuerdas por los árboles, subir por una cuerda desde la canoa hasta 35 m de altura, luego caminar por un puentecito de 70 cm de ancho, y luego bajar a rapel por una cuerda. Sólo dos del equipo lo tenían que hacer, Jorge durmió y yo no la hice, los encargados fueron Jimmy y Juan José. Al terminar, volvíamos a remar unos metros y dejábamos las canoas para seguir con trekking. En total remamos 6 horas.

A las 2 am del jueves comenzamos a caminar. La selva vista desde otro punto de vista (sin la bici), la selva huele a selva, es un olor raro y penetrante. Fue muy bacano que cada vez que llegábamos a cualquier población, la gente nos estaba esperando, a las 3:30 am niños despiertos para ver pasar a los competidores. Pasamos por 3 pueblos hermosos: Palmeras, San Martín de Amacayacu y Puerto Nariño. Las comunidades de indígenas son muy organizadas, las casas divinas. Para pasar de San Martín a la trocha que lo comunica con Puerto Nariño teníamos que volver a remar 45 min en una super piragua, fue muy bacano. Ya de día, la selva es otra cosa, y esta parte era más cultivada, había chagras muy organizadas. El escenario de esa carrera fue espectacular.

En Puerto Nariño cogimos kayaks y remamos 6 o 7 horas hasta Leticia por todo el Amazonas. Una remada de ensueño. El río es hermoso, no se ve al otro lado, lo que se alcanza a ver son las islas del medio y de vez en cuando, si se ve el Perú. Llegamos a las 4 pm del jueves. Fuimos los primeros en la categoría Expedición y en la general llegamos de cuartos.

Esa es la historia. Una experiencia hermosa e inolvidable. Nos fue muy bien como equipo, sin problemas, nos entendimos muy bien, en medio de tantos problemas estuvimos muy calmados, todos respondimos muy bien físicamente. Pero la verdad, quedamos como empezados.

Escrito por: Ana María Marín @marinanama

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